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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Miel

La miel que se derrite cuando le da la luz del sol.
Dorado mar que se mece bajo el radiante astro.
Vas derritiéndome bajo tu mirada,  cada vez que alzo la mirada, como si fueses algo inalcanzable, como si fueses mi propia estrella. Iluminando mi camino, cogiéndome para que no me caiga, susurrando dulces palabras, alentándome a seguir mis propias decisiones.
Ay oro, que codiciado que eres, por ti pondría el mundo a tus pies.
Dulce eterno otoño que retienes en tus ojos, en ti no hay primavera duradera que tu otoño eterno que has encarcelado en ti. O quizás trataste de robar un rayo de sol de tu primer amanecer.
Con tus ojos color miel me trasladas al mundo de los sueños, donde me meces todas las noches hasta que me despierte.
Después anhelo besar tus labios, o solo acariciarlos, aún a sabiendas que hay ratos que saben a ternura y otros a  ratos amargos, pero después veo tus ojos, y eso es lo único que veo porque termino perdiéndome de  nuevo en ti. Pueden pasar horas, minutos o solo segundos, no importa, pero ver tus ojos hace que me pierda en un bosque de robles, que con sus hojas me acogen en su seno y me invitan a entrar, perderme y soñar.

Hay dias que solo anhelo poder volver a ver ese rostro al que pertenecen esos ojos, días en los que quiero alcanzar esa estela y que las alturas juegan conmigo para que no lo alcance, aunque me ponga de puntillas, aunque salte, no llego. Entonces pienso que está  fuera de mi alcance.
Quiero volar y alcanzarlos.

Recuerdo la primera vez que los vi, aún cuando de noche se cruzó como una estela en una noche sin luna, entonces se camuflaban entre las sombras, como si quisiera pasar de inadvertido, pero por desgracia, una estrella no se puede esconder en la oscuridad, termina brillando. Yo fui cautivada de ese tenue brillo, hasta que descubrí su verdadera naturaleza.

Pero no puedo, hay días en los que estoy tan cerca que puedo alcanzarlo, otros en los que estoy demasiado lejos, otros en los que no se deja alcanzar, otros en los que lo extraño, y otros en los que puedo tocar, pero no para siempre. Soy como una hormiga tratando de alcanzar el sol, quizás sea suicida y me queme, pero quiero rozarle, aunque me derrita con el peso de su mirada, aunque me funda bajo su mirada, aunque me ahogue en su mirada.
Dejadme ser Ícaro y construirme alas de cera para tratar de volar y rozar el sol, después no me importa caer.

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